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LITERATURA ILUSTRE
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Un espacio los amantes del saber
La narración, el análisis y las disgresiones
Es necesario que el lenguaje se preste a las diversas formas que exige la narración. Hay muchas condiciones indispensables al buen éxito de las narraciones, y entre ellas figura, en primera línea, la singularidad u originalidad. Las mejores historias o anécdotas fatigan cuando llegan a hacerse muy sabidas, pues que cada uno quiere ser actor a su vez en la escena del mundo; y así cuando hayáis de referir algún buen asunto ceded siempre menos al deseo que tenéis de hablar que al deseo que hay de oíros. Hay un gran número de personas que encuentran el secreto de enojar a los demás, diciendo por otra parte muy buenas cosas, por el deseo inmoderado que tienen de decirlas. Quedan luego descontentos del talento de sus oyentes pues como dice La Rochefoucauld: "Perdonamos muchas veces a los que enojan, pero no podemos perdonar a aquellos a quien molestamos".
Comenzad por escribir sobre un papel un boceto de una pieza de poca extensión como un romance, o comedia, con el objeto de ver el modo con que comprendéis el conjunto y arregláis los detalles para aspirar asi a produciros sin embarazo, Una vez llegados a esta altura absteneos de esa especie de análisis que si bien correctas, se conocen. pero son trabajadas y tendrían menos abandono, oportunidad y gracia. Toda otra preparación os haría incurrir en dos defectos intolerables, la afectación y la inflesibilidad.
Fuera de esto nosotros no damos estos consejos sino a las personas que dotadas de un entendimiento claro y penetrante, de gran amor al arte, y con una actitud especial, se encuentran en circunstancias de hacer nobles esfuerzos para ocuparse dignamente de una producción literaria. Las que no se encuentren a esta altura deben limitarse a exponer brevemente la materia; manifestar la emoción o sentimiento que les ha causado; indicar algunos rasgos oportunos, y añadir que está lejos de ellos la pretensión de pronunciar un fallo. Referencia: http://london.protocolo.org/social/conversar_hablar/la_narracion_el_analisis_y_las_disgresiones.html

Géneros literarios
La Oda Una oda es una composición poética del género lírico en la cual se expresa la admiración exaltada por algo o alguien; según el tema que se cante, puede ser sagrada, heroica, filosófica, amatoria. En general se aplica a todo poema destinado a ser cantado. Antiguamente se cantaba con el acompañamiento de un instrumento musical. En la Antigua Grecia donde tiene sus principios, existían dos tipos de odas: las corales y las cantadas por una sola voz (monodia). Píndaro no cantó con ella sino la gloria de los dioses, de los héroes y de los atletas. Alceo celebró ya las virtudes militares y a los guerreros; Safo, a los amantes y el amor; Anacreonte se sirvió de ellas para aplaudir los placeres de la mesa y del amor. Imitando Horacio el estilo de este último poeta y mezclándolo con el de Píndaro, se formó entre los latinos un estilo del todo particular en el que descolló Horacio. En la poesía castellana cultivaron este género Fray Luis de León, Garcilaso de la Vega, Herrera, Quintana, Cienfuegos, Juan Nicasio Gallego, Espronceda, etc. y en la poesía catalana es célebre la oda a la patria, de Buenaventura Carlos Aribau. Son famosas a su vez las odas de Ronsard, Víctor Hugo y Théodore de Banville en Francia, Abraham Cowley y John Gay en Inglaterra, Klopstock en Alemania, Manzoni y Bernardo Tasso en Italia y José Joaquín de Olmedo en Ecuador. Modernamente, destacan José Martín, Pablo Neruda, y un sin fin de autores utilizan este género en sus composiciones.

La Anacreóntica La anacreóntica es una composición lírica en verso de arte menor que canta a los placeres de la vida, el vino y el amor. Su creador fue el poeta griego Anacreonte (siglo VI a. C.), por lo cual recibe esta denominación. En la literatura española el género fue aclimatado por Esteban Manuel de Villegas en el siglo XVII, imitando la métrica de los sáficos adónicos con una combinación estrófica de rima libre en tres versos endecasílabos y un pentasílabo. Podemos ver un ejemplo en el poema «De la lira». Pero cuando realmente el género anacreóntico se puso de moda fue en la segunda mitad del siglo XVIII, con las composiciones que de este género escribieron numerosos poetas neoclásicos, como Juan Meléndez Valdés, José Iglesias de la Casa y José Cadalso. Un ejemplo de poema anacreóntico que recrea los temas y la métrica característicos de este género lo podemos ver en el poema «A Venus», de José Cadalso. En la literatura catalana hablamos de Francesc Tegell que ha sido largamente estudiado por Kenneth Brown (Poema anafòric, Barcelona 1982, p. 32) y Joaquín María Bover (Biblioteca de escritores baleares, II, Palma 1868, p. 441). Un ejemplo del mismo Tegell es «Poema anafòric».

El Epitalamio El epitalamio es una poesía lírica, subgénero lírico griego imitado después por los romanos, destinado a los cantes en una boda. Actualmente es usado para resaltar la solemnidad de un acto cualquiera como bodas, entierros, misas y otros cultos entre otros. Compusieron epitalamios los griegos Safo y Calímaco y el romano Catulo. Tras la Edad Media, el género fue reabsorbido con otros de inspiración clásica por el Renacimiento.
La Epopeya La epopeya es un subgénero épico, es decir, narrativo, escrito la mayor parte de las veces en verso largo (hexámetro), o prosa que consiste en la narración extensa de acciones trascendentales o dignas de memoria para un pueblo en torno a la figura de un héroe que representa sus virtudes de más estima. Casi siempre estas acciones son guerras o viajes y suelen ser muy extensas. En ella intervienen muchas veces los dioses y existen elementos fantásticos, cada vez más escasos en los cantares de gesta o epopeyas medievales y, ya en el siglo XIX, absolutamente eliminados en la novela realista o epopeya del héroe vulgar o de la clase media que por entonces conquistó el poder político y el prestigio social y reveló en ella los valores de la burguesía: el individualismo y el materialismo.

Poemas narrativos
La narrativa poética o poesía narrativa es aquella poesía que narra una historia. La longitud del poema y la complejidad de la historia varía de un poema a otro, no hay un criterio establecido. Por norma general, no suelen ser dramáticos, presentan versos objetivos y un esquema métrico y rima regular.1 Entre los poemas narrativos se encuentran la poesía épica, la poesía lírica, la balada y la égloga.
Los poemas narrativos son una forma de arte. La poesía narrativa es uno de los más antiguos géneros dentro de la poesía. En la mayoría de las primeras obras literarias que se conocen, desde la epopeya de Gilgamesh hasta los poemas homéricos, tanto en la literatura en inglés antiguo como en la poesía en nórdico antiguo, así como la epopeya en sánscrito titulada Mahábharata, aparecen poemas narrativos. Muchos estudiosos de Homero, desde Quinto de Esmirna en adelante, han llegado a la conclusión de que los cuentos de la Ilíada y la Odisea] fueron creados a partir de recopilaciones de poemas narrativos cortos que narraban historias individuales, las cuales resultaban más adecuadas para ser contadas alrededor de una hoguera. Algunos poemas narrativos deben ser considerados novelas en verso, como el extenso poema The Ring and the Book de Robert Browning. En cuanto a la poesía narrativa, un romance es un poema narrativo que cuentan historias de caballería. Algunos ejemplos son el Roman de la Rose de Guillaume de Lorris o Los idilios del rey de Lord Tennyson. Aunque estos ejemplos describen historias medievales y leyendas artúricas, los romances también puede contar historias basadas en la mitología clásica. Los poemas narrativos más cortos tener un estilo literario similar al de los cuentos. A veces, estas narraciones breves se recogen compilaciones, como los Los cuentos de Canterbury de Chaucer. Algunas obras literarias contienen prosa narrativa, en la que se incluyen poemas e interludios poéticos.

La Églola La égloga es un subgénero de la poesía lírica que se dialoga a veces como una pequeña pieza teatral en un acto. De tema amoroso, uno o varios pastores lo desarrollan contándolo en un ambiente campesino donde la naturaleza es paradisíaca y tiene un gran protagonismo la música. Como subgénero lírico se desarrolla a veces mediante un monólogo pastoril o, más frecuentemente, con un diálogo, con lo que adquiere características menos puras y se transforma en algo teatral o dramático; de hecho, algunas églogas fueron representadas en época romana y en el Renacimiento. El género posee motivos rurales y los tópicos de la poesía bucólica. Fue creado y perfeccionado en el Helenismo a partir del siglo IV a. C.
Las primeras églogas fueron los Idilios (en griego, "poemitas" o "pequeños cantos") de Teócrito; luego los escribieron Mosco, Bión de Esmirna y otros autores bajo su influencia. El escritor latino Virgilio S. I a. C. con sus Églogas del griego, "selecciones" o Bucólicas añadió elementos autobiográficos, haciendo de cada pastor un personaje imaginario que encubría a un personaje real: Cayo Licinio Mecenas, Augusto etc. Algunas de ellas llegaron a escenificarse en Roma. Otros autores latinos escribieron también églogas, como Nemesiano, Calpurnio Sículo o Ausonio. Esta innovación pasó a la bucólica posterior, de forma que algunas veces los personajes de las églogas representaban personajes reales. A través de Giovanni Boccaccio y con el Renacimiento y la Arcadia de Jacopo Sannazaro el género se volvió a recuperar mezclándose las composiciones en verso en un marco narrativo en prosa, y se difundió por todo el mundo occidental, bien en verso, bien como églogas intercaladas en una novela pastoril cualquiera. En la literatura castellana, escribieron églogas Juan del Encina, Lucas Fernández, Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, Lope de Vega, Pedro Soto de Rojas, Bernardo de Balbuena y Juan Meléndez Valdés. Normalmente son tristes y dolorosos ya que son desgracias que le pasan a la gente
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Genero didáctico El género didáctico es el género literario que tiene como finalidad la enseñanza o la divulgación de ideas expresadas de forma artística, con un lenguaje elaborado y recursos de la filosofía. Su evolución es posterior a los tres géneros clásicos (épico, lírico y dramático) que constituyen la literatura, que a su vez es considerada como una de las Bellas Artes. Se categorizan en este género textos como El libro de ajedrez de Alfonso X el Sabio, los escritos de mística, y los ensayos como los de Miguel de Unamuno. A este género pertenecen, también, los libros de texto de las diferentes disciplinas: derecho, física, matemáticas, biología, etcétera, y en él se integra precisamente el periodismo. Este último ha tomado tanta importancia que a veces se le considera como un género aparte, el género periodístico. Referencias: http://es.wikipedia.org/wiki/Género_literario

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