CON AROMA DE CAFÉ

ocio literario con aroma de café
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Este, es un cálido rincón literario, de prensa, revistas, bolígrafo y un block... de una taza de café intensa para momentos de ocio y actividad cultural.
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espacio de ocio cultural para degustar con una taza de café


CON AROMA DE CAFE
| un lugar, un libro: un rincón cultural

La conquista cultural


“Primero fueron los hombres quienes conquistaron la tierra americana, luego fue la tierra la que conquistó a los hombres”. José M. Heredia
I PARTE La historia de la conquista de América, como todo hecho de fundamental importancia, aún promueve interpretaciones extremas, o algunas tendientes a identificarla con un mito. Pero, si bien es cierto que el mito surge de una narración referida al mundo de lo sobrenatural que se convierte en leyenda, la verdadera historia expresa el hecho incontrastable de que ingleses y franceses en el norte, y españoles y portugueses en el centro y sur del continente, avasallaron territorios en función de sus estrategias imperiales. Es así, como desde esta premisa esencial podemos afirmar que las riquezas naturales fue el objetivo central de la monarquía hispana, en su búsqueda de otras vías comerciales destinadas a desafiar los intereses económicos de los imperios de la época. En ese marco de referencia, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492, concreta la expansión del Reino de Castilla sobre un continente transformado en botín de guerra. La expoliación de los recursos y el avasallamiento de las poblaciones indígenas, fue la razón de una ley suprema de contenido religioso y militar impuesta con la cruz y la espada. Luego, con el Tratado de Tordesillas en 1494, que trazó la línea de polo a polo y a 370 leguas al oeste de cabo Verde, tanto Portugal como España, sellan el dominio de su poder continental y obtienen la sumisión absoluta de la civilización precolombina. Así, las zonas habitadas por los aztecas y mayas en el centro de América, como los incas en la región andina de Perú y Bolivia, entre otras diversas poblaciones autóctonas, sufrieron invasiones impiadosas que no sólo desmoronaron su tradicional sistema social y político, sino que padecieron estoicamente epidemias y enfermedades devastadoras. En el camino de esa conquista implacable que antecedió a la futura simbiosis, quedaron enterrados la estirpe guerrera, el arte, la sabiduría y las motivaciones profundas que definieron la cultura de los pueblos oriundos que defendieron su patrimonio a costa de su propia sangre. Esas poblaciones amantes de los valores sagrados de la naturaleza, finalmente fueron condenadas en el tiempo, y como señalara el célebre antropólogo Bartomeu Meliá: "agonizaron cantando su muerte y cuyos cantos son la poesía de la lucidez y de la clarividencia, densa y brillante como un diamante".

II PARTE Con la caída del último soberano inca Túpac Amaru en 1578, la conquista española implantó las normas políticas y comerciales de la metrópoli a través de los virreinatos de Nueva España en 1535, y Perú en 1542. Sin embargo, la fuerza de la tierra indómita encontraría un nuevo cauce con la aparición de José Gabriel Condorcanqui, nacido el 24 de marzo de 1740 en el pueblo de Surimana, situado a 4.000 metros de la provincia o corregimiento de Tinta. Este célebre caudillo, adoptaría el nombre incaico de Túpac Amaru, a los efectos de desencadenar la rebelión de los pueblos conquistados por el imperio español. Su decisión de implantar un régimen político y cultural igualitario, inspirado en valores cristianos y espirituales autóctonos para todos los naturales de América, le permite organizar un gran ejército hacia el 4 de noviembre de 1780. El 18 de noviembre de ese año, derrota a las fuerzas españolas en Sangará, y con sus seguidores llega al Cuzco donde su inacción determina su derrota el 6 de abril de 1781. Posteriormente, Túpac Amaru será traicionado y sus perseguidores lo sentenciarán a morir por descuartizamiento el 18 de mayo de 1781. No obstante, su legado histórico continúa vigente a su martirio y el de sus familiares, pues su rebelión fue el jalón más importante en el camino hacia la independencia de Hispanoamérica. Pero, tuvieron que transcurrir varias decenas de años para que los movimientos libertarios de los mestizos y criollos habitantes de estas tierras, comenzaran a conmover aquella innegable realidad descripta por Fray Bartolomé de Las Casas, así como el rigor de los acontecimientos conformaron las primeras crónicas de Bernal Diaz del Castillo y Ruy Diaz de Guzmán, aunque la memoria y la nostalgia de aquella cultura vencida, quedaron plasmadas en las páginas inmortales de los “Comentarios Reales” del Inca Garcilaso de la Vega. Los estudios etnográficos realizados en vastas regiones de Indo América, nos han permitido rescatar de las sombras del pasado, la esencia de la cultura ancestral de los verdaderos dueños de la tierra, la importancia de sus mitos y leyendas, la trascendencia de sus artes y el equilibrio cósmico de sus creencias. Por eso, a pesar de la significación incontrastable del "etnocidio", según lo afirmara con notable claridad el recordado Augusto Roa Bastos, “en el marco global de nuestras sociedades”, debemos mantener viva la memoria de esos pueblos originarios porque es lo único que nos queda para enfrentar lo que fue planeado como inexorable. Nuestro continente ha sido objeto de antiguas y modernas invasiones, de luchas fratricidas y despojos inauditos, pero, con el sueño todavía pendiente de una liberación que hará posible que la tierra conquiste finalmente a los hombres.

III PARTE América Latina nació como una unidad en la imaginación de nuestros próceres, pero su causa es ante todo una causa social y un desafío en la tarea de derribar las barreras que pretenden mantenernos ajenos a la divulgación de nuestra cultura. El tema de la Lengua, la Identidad y los Medios de Comunicación, son factores imprescindibles para mantener la causa de los pueblos originarios, y estos dependen a su vez, de una política de Estado capaz de impulsar la vigencia de sus derechos. En ese contexto y reconociendo la necesaria vocación de aunar esfuerzos individuales para cumplir con esas premisas, surgió “Nuestro Continente”, un programa radial y ocasionalmente televisivo destinado a difundir en su más amplia acepción la temática cultural latinoamericana, con el ideal de profundizar digna y solidariamente el sentimiento de pertenencia y reivindicación de nuestra identidad continental.
A mediados del año 1980 se pone en marcha este proyecto, por iniciativa del periodista y locutor José Palomino Cortez, nacido en Cusco (Perú), naturalizado argentino además de “ciudadano latinoamericano” por antonomasia. Nuestro Continente se desarrolla a lo largo de 27 años de difusión a través de radios de su ciudad natal del Cusco de la República de Perú, continuando en Radio Universidad de la ciudad de La Plata, en LU6 Emisora Atlántica de la ciudad de Mar del Plata y en los últimos años en AM y FM de Radio Nacional de la República Argentina. En la actualidad, integran el programa radial su creador y conductor José Palomino Cortez, Lito Zer (productor artístico y conductor), Juan Palomino y José Narosky (columnistas especiales), David Antonio Sorbille (asesor literario), Maria Laura Fernández y Rocío Obrador (comunicaciones), todos ellos consubstanciados plenamente con los objetivos del proyecto. La historia, la música, la literatura, el turismo, es decir, todas las disciplinas que representan la realidad nacional y latinoamericana tienen su expresión en el programa Nuestro Continente que cuenta con la fidelidad de una importante audiencia que enriquece con su participación, cada una de sus presentaciones semanales. Pero, es preciso afirmar, que la realización de este programa y de otros similares en la temática anunciada, es producto del impulso que Radio Nacional y FM La Folklórica, brindan a la causa permanente de los pueblos originarios. Es decir, que dependemos, salvo algunas excepciones, del interés de emisoras oficiales, por lo que ratifica la necesidad de expandir el uso público de los medios de comunicación para ser una opción real a los monopolios privados comprometidos con un sistema de valores que no repara en la importancia que tienen para una comunidad, las disciplinas que este honorable II Congreso de Las Lenguas está promoviendo y al que adherimos sinceramente.
David Antonio Sorbille.
Ref. http://poemasenanil.zoomblog.com/cat/8866
El café más intelectual

Crónica. Paradigma de los cafés porteños, el Gran Café Tortoni
El más antiguo de Argentina, cumple 150 años de historia convertido en memoria viva de Buenos Aires y símbolo de la cultura de la ciudad. Por sus salones pasaron Carlos Gardel, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, y muchos otros grandes intelectuales y artistas del siglo XX, que encontraron en el Tortoni el lugar ideal para celebrar tertulias, reunirse con los amigos o disfrutar del placer de tomar un café. Difícilmente podía imaginar el emigrante francés Jean Touan que el modesto Café Tortoni que inauguró en 1858 para emular al viejo Tortoni parisino del Bulevar de los Italianos, hoy desaparecido, terminaría convirtiéndose en una referencia para la cultura argentina. A fines del siglo XIX, fue adquirido por otro emigrante francés, Celestino Curutchet, y cambió su ubicación para establecerse a pocos metros, en la que sería su sede definitiva, sobre la emblemática Avenida de Mayo.
Su prestigio creció con el desarrollo de la ciudad y, a principios del siglo XX, ya se había convertido en referencia para la bohemia porteña. Llegó a funcionar como sede alternativa de la primera legislatura de la ciudad, fue escenario de transmisiones de radio, obras de teatro y hasta tuvo peluquería propia, todo un lujo para un bar de la época. El Tortoni, explica su gerente, Roberto Fanego, en una entrevista con Efe, fue el primero en colocar mesas sobre la acera, imitando a los cafés de la bohemia francesa.
Su leyenda se consolidó con "La Peña", una agrupación artística que a finales de los años 20 comenzó a reunirse en el sótano y que cedió su espacio, en los 40, a "El Lazo", una sociedad volcada en incentivar el folclore local, y a la que alguna vez acudió Atahualpa Yupanqui. A finales de los convulsos años 30 y principios de los 40, con la llegada de los republicanos exiliados tras la Guerra Civil Española, el Tortoni se transformó en un foro multicultural, como ocurriría tres décadas después, cuando acogió las reuniones de los exiliados uruguayos. "Aunque han venido exiliados de distintos países y en distintas épocas y se ha hablado mucho de política, nunca ha habido conflicto", asegura Fanego. Sentarse en una mesa del Tortoni constituye una invitación a viajar en el tiempo de la mano de algunos de los más importantes intelectuales hispanoamericanos del siglo XX. Recorriendo su salón, no es difícil imaginar a García Lorca escribiendo sobre su mesa favorita o evocar al cantaor Miguel de Molina, exiliado durante la dictadura franquista, homenajeado en el Tortoni en 1990, poco antes de morir. En el sótano, antro legendario del funambulismo porteño, quedan todavía los ecos del paso del pianista Arturo Rubinstein, la cantante Josephine Baker y el dramaturgo Luigi Pirandello, entre otros. Y hasta un rey, Juan Carlos I de España, quiso probar su café, y saltándose el protocolo, recuerda Roberto Fanego, se escapó a la Avenida Mayo durante la visita que realizó a Buenos Aires en 1995 y firmó en el Libro de Oro.
Por sus salones han pasado otros famosos clientes ocasionales, desde la aspirante demócrata a la Presidencia de Estados Unidos Hillary Clinton, hasta el director estadounidense Francis Ford Coppola, la actriz Susan Sarandon, la escritora Susan Sontag o el peruano Mario Vargas Llosa. Pero no todo han sido tertulias y visitas ilustres, sus paredes fueron testigos mudos de enfrentamientos históricos, como el que protagonizaron en 1897 un grupo de españoles y otro de partidarios de la independencia de Cuba, que se liaron a silletazos en las puertas del café.
Años después, en 1918, Curuchet, el entonces propietario, celebró el final de la Primera Guerra Mundial cantando la Marsellesa ante sus sorprendidos parroquianos, que pudieron beber gratis durante toda la noche. Como explica Fanego, "el Tortoni está ligado a la historia del país y está incorporado como parte de Buenos Aires". Ahora, con 150 años a sus espaldas, clientes y curiosos llenan sus salones, saborean su café, admiran las obras colgadas en sus paredes o acuden a sus espectáculos nocturnos de tango. Mientras, el Tortoni se prepara para su próxima gran fiesta, a final de año, cuando se una a las celebraciones por el 120 aniversario de otro legendario, el madrileño Café Gijón.

La ciudad que vive en poesía

PARIS. Si no hay ciudad sin poesía, no hay memoria completa sin poetas. En la rue Molière, de la Île de France, hay un pequeño hotel -el Pavillon Louvre Rivoli-, cuya placa de mármol en la puerta indica que el enorme poeta peruano César Vallejo vivió allí entre 1924 y 1927. Sepultado desde 1938 en el histórico cementerio de Montparnasse, cerca de la tumba de Samuel Beckett, y no muy lejos de las sepulturas de Charles Baudelaire y Théodore Banville, Vallejo supo siempre que moriría en esta ciudad de belleza inalterable. Lo predijo en su poema Piedra negra sobre una piedra blanca : "Me moriré en París con aguacero/ un día del cual tengo ya el recuerdo". La placa es una forma de reencuentro con un poeta mayor, sobre quien su compatriota Carlos Henderson, presidente de la Asociación de Amigos de César Vallejo en esta ciudad, escribió hace un año, al conmemorarse 70 años de su muerte: "Vallejo comprendió en París que la poesía puede decirlo todo. Tuvo la suerte de confrontarse con una libertad de espíritu todavía vigente". La ciudad se hace sujeto en la obra de otro poeta singular, Jacques Prévert, cuya poesía se enseña en la escuela primaria francesa. En el Hotel de Ville de París (sede del gobierno municipal), una gigantesca imagen del memorable Prévert, tendido junto a Jacqueline Laurent, anuncia la exposición "París la belle".
La muestra reconstruye la vida del autor de Palabras , el libro más vendido en la historia de la poesía, y de los diversos caminos que transitó. La poesía, el cine, el teatro, el dibujo, la fotografía. Muchos de sus poemas se convirtieron en canciones para la eternidad. En "París la belle", Prévert regresa en manuscritos de sus libros, en fragmentos de las películas que escribió, en los documentales sobre su historia y su compromiso social. El alcalde de París, Bertrand Delanoë, subraya en el catálogo: "Toda su vida, Prévert mantuvo con París una complicidad excepcional. Y enriqueció su poesía mediante su relación con París y sus habitantes". Artista iconoclasta y poeta popular, nacido en Neuilly sur Seine en 1900, Prévert fue un nómade en París. Desde su mirada, la ciudad es escenario insuperable y protagonista inevitable. En ocasión de esta muestra, Gallimard hizo una reedición limitada y especial de Palabras, a la que agregó un ejemplar inédito de sus dibujos. En la portada, la misma de 1949, cuando el libro se publicó, Prévert, con boina y un cigarrillo en los labios, parece recitar su demoledor Desayuno: "Echó café/ en el pocillo/echó leche/ en el pocillo de café/ echó azúcar/ en el café con leche/con la cucharita/lo removió/ y se tomó el café con leche/...Sin mirarme/ se levantó/ se puso el impermeable/porque llovía/ y se marchó /bajo la lluvia/sin una palabra".
Por Susana Reinoso Ref. http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1092134
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