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| analísis literario

Crónicas y narrativas


CRÓNICA
Crónica de una herida de unas prosas breves, del poeta francés Claude Esteban se propone, a través de una serie de prosas breves que hacen contrapunto con poemas aun más breves, como el racconto de una enfermedad y su secuela inmediata: el dolor físico. La intervención quirúrgica, el acoso que el cuerpo padece en el orden hospitalario, el desamparo en que el sujeto se ve arrojado fuera del tiempo, de la vida cuando ingresa en la sucesión ilusoria, suspendida, de la internación encuentran su contraparte en el límite o la imposibilidad que el poeta percibe en su instrumento más caro, el lenguaje: "Un relato/ desierto de palabras, este/ pensamiento/ ofrecido agujereado". La experiencia del dolor es retratada por Esteban como una prueba inútil una sustracción al espíritu, la cesación de la existencia real.
En un ensayo de 1934, Ernst Jünger estudia el problema del dolor. Para el escritor alemán, se trata de la reflexión y la expresión de una experiencia, colectiva y personal a la vez, en el marco de la contienda bélica y como trasunto de un pensamiento que, si bien no desdeña el elemento heroico, se hunde, ante la certeza de una nueva guerra, en las arenas del nihilismo. Para Esteban, en cambio, se trata del individuo reducido al accidente solitario, acaso como presagio o ensayo de la experiencia de la muerte. Es posible, sin embargo, que las ideas de los dos autores se encuentren en un punto. Jünger escribe: "Qué indiferente le resulta al germen patógeno destruir una brizna de paja o un cerebro genial". Esa indiferencia de la naturaleza, como amenaza, como agente externo o intruso sin dimensión metafísica, está presente en el libro de Esteban, que no eleva su voz a la altura de la queja, sino que percibe el proceso de desintegración de la materia como un límite impuesto al ser.
Crónica de una herida es un libro en el que la poesía registra la tensión de un discurso cuya tentativa oscila entre la objetivación del yo del que escribe y una subjetividad arrasada por el sufrimiento. En el último fragmento, Esteban opone su experiencia a las catástrofes que el siglo XX prodigó a manos de los Estados, desde los campos de exterminio a la institución psiquiátrica, sin ánimo de equiparar su dolor al padecido por millones. Se reserva para sí el lugar de quien no puede dar testimonio de su experiencia. Señala, de ese modo, una barrera íntima. Jünger podría agregar que "como criterio el dolor es inmutable; variable es, en cambio, el modo y manera como el ser humano se enfrenta a él". Por Claude Esteban

Claude Esteban (1935-2006), fue poeta, traductor y ensayista. Hijo de un exiliado español, tradujo al francés obras de Jorge Guillén, Octavio Paz, Jorge Luis Borges y César Vallejo, entre otros.
- Crónica de una herida Por Claude Esteban | Paradiso/Trad.: Julieta Lerman/64 páginas/$ 2
Ref. http://adncultura.lanacion.com.ar/Nota.asp? nota_id=1098520

NARRATIVA
"Mi padre tenía angustia y bebía; yo tengo angustia y escribo." La frase pertenece por supuesto a Mark Twain, seudónimo del escritor y periodista estadounidense Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), y la larga lista de novelas, libros de viajes, artículos periodísticos y cuentos que escribió -entre ellos, esa obra maestra de la literatura norteamericana que es Las aventuras de Huckleberry Finn (1885)- demuestra que este autor no sólo encontró una cura efectiva para su angustia, sino también el modo de crear decenas de miles de lectores fanáticos en todo el mundo. Con su cuento "La célebre rana saltarina del condado de Calaveras", publicado en 1865, el nombre de Twain saltó a la fama, y se consolidó con la aparición de Los inocentes en el extranjero (1883), crónicas de viajes donde su humor irreverente e irónico es ya una marca de estilo. Antes había publicado la archiconocida novela para chicos Tom Sawyer (1876), Un vagabundo en el extranjero (1880), Príncipe y mendigo (1882) y Vida en el Mississippi (1883), el antecedente inmediato de Huckleberry Finn . Después vendrían Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889) y Viajes alrededor del mundo siguiendo el ecuador (1897).
De allí que sea una idea excelente que Claridad, dentro de la misma línea editorial que la llevó a publicar los Cuentos completos de Saki y de Arthur Conan Doyle, decidiera también hacer conocer los cuentos completos de Twain, en cinco volúmenes, ordenados cronológicamente (desde 1865 hasta 1916, es decir, seis años después de su muerte), y con traducción de Elizabeth Casals, Susana Cella, Daniel Gigena, Guadalupe Marey y otra vez Cella, respectivamente. Desde la celebérrima rana hasta "El extranjero misterioso", de 1916, el recorrido por sesenta cuentos de Mark Twain permite a su lector volver a disfrutar de mundos ya conocidos (como los que surgen de su experiencia como piloto de un barco de vapor en el río Mississippi o sus viajes por el extranjero como conferencista) o tener una última visión de su creciente pesimismo sobre la condición humana y de cómo la amargura puede a veces ganarles al humor y la ironía característicos de su prosa.
Maestro de muchos de los grandes escritores estadounidenses -de Sherwood Anderson a T. S. Eliot, de Ernest Hemingway y William Faulkner a J. D. Salinger-, en estos Cuentos completos Twain vuelve a dar una lección de literatura. Y si siempre es difícil decidir cuáles son los mejores cuentos en un único libro, cuánto más si se trata de cinco. Por supuesto, la selección corre por cuenta de cada lector, pero es agradable volver a encontrarse aquí con "El diario de Adán y Eva" (1893, 1905) completo, "El hombre que corrompió Hadleyburg" (1899), dos de sus textos más conocidos y más logrados, o leer por primera vez quizás "El guía inexperto" (1891) -en su delicioso y disparatado transcurrir recuerda la novela de Julio Verne La agencia Thompson &Cia , por el espíritu de época-; incluso contrastar por ejemplo "La historia del niño malo" (1865) con "La historia del niño bueno" (1870), para concluir que estos no son cuentos con "moraleja" pero sí con observaciones inteligentísimas como "y era honesto hasta el extremo de ser ridículo". Aunque si finalmente se quisiera sacar una conclusión de algún tipo, vale la pena detenerse en la moraleja que el propio autor propone a los lectores en "Una fábula" (1909): "Uno puede encontrar en un texto cualquier cosa que uno lleve, si se para entre el texto y el espejo de la imaginación. Puede que uno no se vea las orejas, pero ellas van a estar ahí".

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), conocido por su seudónimo de Mark Twain, fue un escritor estadounidense y humorista. Ha sido llamado "el Great American Novel". Twain fue amigo de presidentes, artistas, empresarios y la realeza europea. La sátira Twain fue muy popular. Incisivo, agudo, ingenioso y crítico, a su muerte, fue aclamado como el humorista "americano más grande de su época" y "el padre de la literatura americana".
- Cuentos completos 4. Por Mark Twain | Claridad/Trad.: Guadalupe Marey y Lucas Bidon-Chanal/159 páginas/$ 39
- Cuentos completos 5. Por Mark Twain | Claridad/Trad.: Susana Cella/175 páginas/$ 39.
Ref. http://adncultura.lanacion.com.ar/Nota.asp? nota_id=1102904
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