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CON AROMA DE CAFE | analísis literario
El periodismo y la literatura
adn a MILLÁS. Maestro de la agudeza. Ganador del Premio Planeta-España 2007 por su novela El mundo, es también un columnista y reportero excepcional. Su proyecto "Sombra" le permitió convivir con grandes figuras públicas de su país, a las que retrató con elegancia milimétrica. Es el creador de los "articuentos", prosas brevísimas surgidas de anécdotas cotidianas.
adn a VICENT. Dandi de la palabra. Premio Alfaguara de Novela 1999 por Son de Mar, es uno de los principales cronistas de la transición española. Dueño de un estilo refinado, en el que combina sensualidad con el gusto por "la palabra justa", sus obras reivindican los placeres de la vida, del arte a la gastronomía. Su último libro publicado en la Argentina es Comer y beber a mi manera.
(I PARTE)
- La frontera entre periodismo y literatura es inexistente. Los españoles Juan José Millás y Manuel Vicent se destacan tanto por la calidad de sus obras literarias como por la prosa cuidada y certera de las columnas que regularmente publican en el diario El País. Reunidos en Buenos Aires por adnCULTURA, el autor de El mundo y el novelista de Son de Mar reflexionan sobre el oficio de contar historias y los difusos límites que separan la ficción de esa construcción subjetiva y arbitraria que solemos llamar "realidad". El vocablo "maestro", en el Diccionario de la Real Academia Española , tiene 23 entradas. La primera dice: "Persona de mérito relevante entre las de su clase". Gastadas como están las palabras, parece una acepción escasa para hablar de Juan José Millás y Manuel Vicent, dos maestros más que relevantes del periodismo y la literatura española contemporánea, articulistas del diario madrileño El País y dos de los mejores columnistas de la prensa española. El periodismo que respiran Millás -Premio Planeta de Novela 2007, con El mundo- y Vicent -Premio Alfaguara de Novela 1998, con Son de mar - es de naturaleza literaria. A tal punto que han convertido sus respectivas columnas en libros imperdibles porque han vencido la fugacidad del tiempo que atrapan los diarios. Los dos disfrutan mucho con esa caducidad de las noticias en el papel que, según dicen en diálogo con adn CULTURA, es el combustible que les ha posibilitado dotar de eficacia a la palabra literaria. Quizás, antes de entrar en materia, lo mejor es conocerlos por sus columnas. En un pequeño "articuento", como elige llamarlo su autor, titulado "La realidad como videojuego", Juan José Millás escribió:
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Si no fuera tan cruel, la realidad parecería un videojuego: a cada paso que das encuentras cuerpos destrozados, trampas, payasos que cortan la respiración. Pero uno no es distinto de lo que ve, somos lo que vemos: recorriendo la realidad nos recorremos a nosotros. Ese parque al que todavía vas de vez en cuando es tu reserva vegetal; esa calle a la que vuelves obsesivamente solo conduce a ti; ese escaparate frente al que te detienes evoca el orden moral de tu niñez. Esa anciana que ha asfixiado a sus dos nietos, en Granada, porque no querían comer, eso dice, eres tú, soy yo; sus nietos somos todos. En Bélgica acaba de pedir asilo político un sueco condenado a un año de cárcel en su país por tirar de las orejas a sus hijos. Ya no sabemos si es más atroz el crimen de este sueco o el de la anciana granadina; el videojuego de la realidad va tan deprisa que no puedes detenerte a pensar. Al fin y al cabo, todas esas zonas de ti mismo son amables en comparación con tus suburbios. A tus suburbios te puedes asomar a través del agujero del televisor: ahí está lo peor de ti, tus deseos más inconfesados, tus territorios más mezquinos, tus zonas más oscuras las ilumina el televisor: aprieta al azar un botón, levanta una piedra y saldrán mil alimañas de debajo Todo eso que crees que está fuera de ti lo llevas dentro, te constituye. Sobre esos escombros te incorporas cada día y dejas reposar tu cuerpo por la noche. Y tienes suerte, te ha tocado vivir en el interior de un videojuego privilegiado: hay otros en los que la gente mata, se mata, por un trozo de pan, por un trozo de patria. Por un pedazo de cualquier cosa.
- Manuel Vicent, que alcanzó uno de sus puntos más altos de celebridad periodística en marzo de 1980, con su famoso artículo "No pongas tus sucias manos sobre Mozart", es el artesano de esta pieza periodística titulada "Jóvenes":
— Los jóvenes que se han examinado este año de selectividad nacieron con Internet, con el móvil, el MP3, el CD, el GPS, el chat y la PlayStation. A través de la yema de los dedos sobre los distintos teclados su sistema nervioso se prolonga en el universo. En el mundo ya no había Muro de Berlín ni comunismo ni guerra fría cuando tomaban la primera papilla, pero al pasar del triciclo a la bicicleta se encontraron con la globalización, con el terrorismo planetario y con los patines de dos ruedas. No saben qué es la mili. Muchos aprendieron inglés en Inglaterra Ellos solo cantan el oe, oe, oeee al final del partido, cualquiera que sea su ideología. Ese cántico es el himno del siglo XXI, acompañado con la imagen de las Torres Gemelas ardiendo. Esta nueva promoción de universitarios conoció el amor ya en tiempos del sida y aunque en el colegio les explicaron cómo se usa el preservativo, a la mayoría no les da tiempo de ponérselo. Su horizonte es el genoma humano, que comparten con la marca Nike No les interesa la política, no leen periódicos, tienen una idea muy fragmentaria de la cultura, pero cuando un tema los apasiona, deporte, cine, informática o música, lo conocen hasta el fondo, abastecidos por una información exhaustiva. Existen algunos síntomas que indican que ya tienes muy poco que ver con los nuevos jóvenes. Si sabes quién era Angela Channing, si has llegado a ver la tele en blanco y negro, si estás todavía con la marihuana o la cocaína y no con las drogas de diseño, si conociste a John Travolta sin tripa si tu sobrino sabe más que tú de ordenadores, si te cabreas porque tu hija deja el bote de champú abierto, si cuelgas la toalla en su sitio después de ducharte, si te acuerdas de Michael Jackson de cuando era negro, cualquiera de estas señales indican que comienzas a hacerte viejo.
- La idea de reunirlos tuvo como eje el periodismo y su cruce con la literatura. ¿Es el territorio periodístico tan ajeno a la ficción como se supone? Créase o no, Millás y Vicent comparten el raro azar de haber elegido a psicoanalistas argentinos, residentes en España, para contarles sus secretos más recónditos. Y algo más: comparten un sentido del humor brillante y contagioso. Un renglón para comprender las sucesivas referencias a "No pongas tus sucias manos sobre Mozart". Este artículo de Vicent, que luego dio título a un libro, relata las vicisitudes de un padre pogre y culposo, que se libera de los agobios de la modernidad de su hija, sexo y drogas incluidos, abofeteándola en el momento en que la chica pretende llevar a su madriguera, donde se divierte con sus amigos, la Sinfonía nº 40 de Mozart.
Ref. http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1012144 Una redacción de Susana Reinoso para adn | lanación.ar.com
(II parte)
- ¿Cómo llevan el oficio de periodistas combinado con la literatura?
J. J. Millás Yo, muy bien. A veces me preguntan cómo consigo compatibilizar las columnas con la literatura, porque no solo escribo en El País . Lo hago también para otros periódicos. Y digo que no me imagino teniendo solo una novela entre manos. Si cuando suena el despertador yo solo tuviera entre manos una novela, no me levantaría, porque me produciría demasiada angustia estar sólo concentrado allí. Cuando escribo una novela, no resisto trabajar solamente en ese libro. Cuanto más, lo hago dos horas o dos horas y media. No puedo hacerlo durante cinco o seis horas. Entonces, el periódico me permite cambiar de actividad, haciendo siempre lo mismo, que es escribir. Es decir que transito de un discurso a otro, y luego cada discurso enriquece siempre a otro.
M. Vicent Yo no distingo mi trabajo como escritor de novelas del trabajo periodístico, porque mi actitud ante la palabra es siempre literaria y le agradezco al periodismo que me haya hecho escribir. Es como el taylorismo. Los periódicos nacen, se reproducen y mueren en un solo día. Y tú estás abasteciendo, eres el que echa el azúcar. Creo que si no hubiese periódicos, tal vez yo no hubiera escrito. A mí el periodismo me excita la imaginación por la inmediatez, por la necesidad perentoria de entregar un trabajo a una determinada hora. Pero eso no me impide enfrentarme al periódico como si fuera un libro. Empecé escribiendo novelas. Pero en el periódico siempre tuve el deseo inconsciente de que me dejaran hacer literatura. Y para mí es un milagro que cada tarde ese periódico desaparezca, y que en él yo siga escribiendo literatura. Considerando además que el periodismo es el género literario de la última parte del siglo XX y de la primera parte del siglo XXI. El periodismo es simple ficción. No trabaja con la realidad. Por ejemplo, tomemos la batalla de Lepanto, cuando la liga papal gana a los turcos. Pío V tardó dos meses en enterarse y Felipe II, dos meses más. Para cuando se enteró el que tenía que saberlo, ya habían ganado los turcos. Eso me pasa a mí, cada día, cuando compro el periódico. Tengo la costumbre, porque mi generación está infectada de olor a tinta de periódico, de comprarlo en una gasolinera. Pero antes de hacerlo, ya he entrado en uno de estos punto.com, que puede ser El País , y eso hace que lo que voy a comprar sea obsoleto. El punto.com te dice que han liberado al cónsul secuestrado anteayer. Y en el periódico que compro, el tipo todavía sigue secuestrado. Entonces, ese periódico que compro es ficción, es literatura. Es exactamente la batalla de Lepanto, en los 700 metros hasta la gasolinera.
- ¿La diferencia entre hacer periodismo y hacer literatura no está en la materia con que ambos trabajan?
J. J. Millás Me cuesta mucho cuando un periodista se refiere a mí como escritor, como si él no lo fuera. El periodista utiliza los mismos recursos retóricos que el escritor, porque son los únicos que hay. Otra cosa es que no lo sepa o sea mal escritor. La frontera entre periodismo y literatura tiene partes absolutamente borradas. Por ejemplo, en el reportaje eso es evidente. Hay reportajes que leemos como tales, si arriba dice "reportaje", pero si se le pusiera "cuento", lo leeríamos como tal. Hay muchísimos casos. "Un día de trabajo", de Truman Capote, es imposible saber si es reportaje o cuento. O Relato de un náufrago , de García Márquez. Solo lo leemos como reportaje si sabemos que fue un suceso real. Pero dentro de cien años se leerá como una novela corta. La frontera entre periodismo y literatura es inexistente. Y la única diferencia es que el periodista no puede inventar las cosas. No puede decir que vio algo que no vio. Cuando haces un reportaje, o una crónica, o cubres una rueda de prensa, tú no puedes decir que pasó algo que no pasó. Para mí, esa es la única norma. Los materiales proceden de la realidad. Cuando escribes una novela, esos materiales pueden venir de tu imaginación. Pero el modo en que se seleccionan y se articulan los materiales es idéntico a como se hace en un relato. En el acto más banal del periodismo, que es una rueda de prensa de un ministro de Economía, necesitas seleccionar el material y ponerlo al servicio del sentido, usando un criterio. Pues se trabaja igual que cuando escribes un relato de ficción.
M. Vicent Además, yo no he visto ninguna noticia de las que me atañen que por lo menos no tuviera tres errores. Cuando no equivocan tu edad o tu lugar de nacimiento, equivocan el título de tu primera novela. El hecho de que tengas que seleccionar los materiales significa que tienes que pasarlos por tus cinco sentidos. La diferencia entre periodismo y literatura, como dijo Josep Pla, es que un periodista que invierte dos o tres segundos en elegir un adjetivo u otro es un escritor. En cambio, periodista es un señor que no invierte ni un segundo en elegir una palabra u otra.
J. J. Millás Me gustaría hacer una precisión. Cuando voy a una charla con estudiantes de periodismo suelo llevar una copia de ese cuadro de Magritte, en el que hay una pipa dibujada con un texto que dice "Esto no es una pipa". Es un cuadro muy sorprendente, porque el texto niega tu experiencia. Pero en una segunda lectura, te das cuenta de que es verdad, porque se trata de una representación de una pipa. Entonces, los periódicos deberían poner un texto que dijera: "Esto no es la realidad. Es una representación de la realidad". Porque, ¡claro!, muchas veces la gente entiende que lo que lee es la realidad literalmente. Yo recuerdo que, en mi familia, las discusiones se zanjaban cuando alguien decía: "Ha salido en el periódico". Eso era fundamental. En la medida en que hay una representación, en ese proceso pasa una infinidad de cosas que la convierten en otra cosa.
M. Vicent El periodismo, tal como lo entendemos hoy, nació en la Plaza San Marcos, de Venecia, en el siglo XIV o XV. Venían los barcos de las ciudades orientales y al pie de los barcos había unos señores con unas libretas, que se llamaban gacetas, es decir, cotorras. Esos señores preguntaban a los marineros. El periodismo de entonces era mercancía que venía en los barcos (perfumes, telas), noticias de desgracias y matanzas, y fábulas. Los marineros contaban los cuentos que habían oído en Oriente: "En Esmirna, las alfombras vuelan". Y efectivamente eso era el resumen; todo entreverado. Eso era el periodismo: intereses económicos que lastraban el subsuelo del periodismo, noticias verdaderas o falsas, inventadas o no, y alfombras mágicas y lámparas de Aladino.
- ¿Los hechos contaminan la escritura literaria o le aportan precisión?
M. Vicent Juanjo lo ha dicho hace tiempo: escribir la columna le depura el lenguaje. ...l hace un ejercicio de desnudez de la palabra. Es toda una práctica que favorece la escritura. En un texto, cuantas más cosas quitas, mejor te sale. Yo, que siempre he tenido una tendencia al barroquismo de imágenes, sé que las columnas que mejor me salen son las desnudas. Leyendo una columna de Juanjo Millás veo un trabajo, que a lo mejor ya es tan metódico que lo hace sin darse cuenta. Veo un trabajo de una desnudez casi aséptica.
J. J. Millás ¿Que si la realidad contamina? Yo haría otra pregunta. ¿Contamina la imaginación cuando estamos pensando todo el día cosas sucias? ¿Por qué va a contaminar más trabajar con los hechos que proceden de la realidad que aquellos que proceden de la imaginación?
M. Vicent De todas formas, si yo fuera profesor de historia, no mandaría a mis alumnos a aprender el siglo XIX a los archivos, sino que los mandaría a leer las novelas de Galdós, de Balzac. Y para estudiar el siglo XVIII les diría que leyeran a los enciclopedistas. Y para el siglo XVII, les daría a leer teatro. Pero para el siglo XX, les diría que leyeran los periódicos. Camus decía que en el día de mañana se resumiría nuestra cultura y nuestra civilización con estas palabras: "Se masturbaban y leían periódicos". En el futuro, quienquiera saber cuáles fueron nuestros vicios, nuestras pasiones, nuestros sueños y nuestros crímenes tendrán que buscarlos en los periódicos. Pero, entonces, ya será ficción. En el futuro del futuro, el desembarco de Normandía real no podrá ser distinguido de la película Rescatando al soldado Ryan . Y la guerra de Vietnam no podrá distinguirse de Apocalipsis Now .
J. J. Millás Yo creo que el periodismo intenta decir la verdad. Esa diferencia la mantengo porque es fundamental. En los últimos tiempos ha habido grandes escándalos en la prensa, por ejemplo, en The New York Times , por inventar historias. No es lo mismo inventarse una historia que reflejarla. Tú trabajas con esos hechos, lo único que puedes hacer es literatura, pero no por voluntad propia, sino porque no tienes más remedio.
- ¿Y cómo deciden los temas de las columnas? ¿Con qué criterios?
M. Vicent Yo escribo mucho menos que Juanjo, porque tengo una columna especial los domingos. Es un problema. Porque si escribiera todos los días, pues habría un pequeño suceso, una conversación, un viaje pero escribir un domingo significa que ya todo ha sido machacado durante la semana. Entonces el tema es un problema. Además, no es lo mismo escribir un lunes, cuando la gente se levanta cabreada y compra el periódico como quien compra una navaja, que el domingo. Porque quien compra el periódico lo lee rascándose la espalda, bajo el pijama, o bostezando, o en la terraza. No tienes derecho a amargarle la vida a esa gente. El tema, con las noticias, es que dejan siempre algo en suspensión, como un humo. Concentrar ese humo como noticia un domingo y darle una versión al lector, no excesivamente cruel, es la idea de la columna. Se trata de describir un hecho cotidiano, si es de actualidad mejor, y en la última parte del artículo es como si doblaras sorpresivamente el espejo y le mandaras al lector un mensaje como este: "Ahora, míralo desde aquí". Es como volver levemente el espejo. Cuando aciertas, es cuando la columna es redonda. Están los hechos cotidianos, pero le has dado la oportunidad al lector de que lo vea con un reflejo distinto de la luz. Juanjo tiene escritas unas columnas magistrales, sobre todo cabreadas. El se mete en el subconsciente para escribir. Yo me voy al Mediterráneo.
J. J. Millás Me acuerdo de que hace unos años me dijiste que es más fácil escribir una columna diaria que una semanal. Porque cuando escribes una columna diaria, vale todo. Pero una vez a la semana te implica pensar qué seleccionas. Mi modo de trabajar es llevar un cuaderno y anotar todo lo que me llama la atención, aunque sea periférico o banal. Y cuando escribo, miro ese material. En ocasiones toco un tema de actualidad, empiezo como una columna y termino como un cuento. Y a veces lo hago al revés. Me gusta llamarlos "articuentos", y son los que tienen un anclaje en la vida cotidiana. En gran medida, eso lo aprendimos de Manolo [Vicent]. El ha trabajado mucho la vida cotidiana con un registro diferente. Recuerdo la época de "No pongas tus sucias manos sobre Mozart", que dio origen a una recopilación fantástica. Era como un golpe de luz sobre una cosa aparentemente periférica, pero cargada de significado. Cuando me piden un artículo de tres páginas me parece una tesis. Yo tuve una vez una experiencia muy iluminadora sobre este asunto del espacio. Un día me dijeron que me sobraban cuatro líneas en un artículo de 34 y yo pensé que era una barbaridad. Fui quitando de aquí y de allá y cuando pensé que me había cargado el artículo, había mejorado. La economía que te enseña la columna es fantástica. Luego lees otra columna y dices: "Pero qué pesado este, ¿por qué empieza en la línea 20? ¿No se da cuenta?" Ese es un vicio de la literatura europea. Hay cuentos que empiezan en la página tres.
M. Vicent Y biografías que empiezan por el tatarabuelo. ¡Qué pesados!
- ¿Cómo presiona la realidad en la elección de los temas?
J. J. Millás Hay momentos históricos en que la realidad presiona de tal manera, por ejemplo la guerra de Irak, y se vuelve tan potente que no tienes más remedio.
M. Vicent A mí me ha pasado tener un artículo listo sobre placeres y que la ETA mate a una persona. Ya había mandado mi columna, pero entonces sientes que sería un insulto que eso se publique. Entonces guardas el tema para la semana siguiente y escribes sobre lo que todo el mundo ya ha escrito, pero por lo menos lo dices a tu manera. Como dice Juanjo, hay momentos en que la actualidad es tan poderosa que no tienes más remedio que escribir sobre eso.
- ¿No se reiteran los temas que obsesionan?
M. Vicent Un día que no sabía qué escribir le pregunté a un amigo: ¿y si escribo sobre el aceite? Y me pidió que no lo hiciera porque llevaba 20 años dando la lata con el aceite. Mis obsesiones son los alimentos, el Mediterráneo, el aceite, y otro es el mono. A fin de cuentas no ves el mundo más que a través de tres o cuatro obsesiones. Me excitan los primates y sobre todo, los mitos de siempre traducidos a los ritos actuales. Esos son mis territorios recurrentes.
J. J. Millás En una época hablabas mucho del yoga y del Valium. Y siempre me pregunto por qué no cuentas del psicólogo argentino que tienes.
Vicent: -Por pudor. Si a mí me hubieran dicho, hace 20 años, que me iba a tumbar en el diván a contarle mis miserias a un argentino, ¡hombre!
Millás: -Mis territorios son, por un lado, la actualidad pura y dura; luego, el microcuento y en tercer lugar, la mezcla de cuento con realidad. Ahora que me han cambiado la extensión (antes tenía tres párrafos) no sé.
M. Vicent El dice que su columna es como un mosquito, con cuerpo, tronco y extremidades.
J. J. Millás Pero Manolo dice que hay insectos que nacen sin estómago. Ahora, que nos han acortado las columnas, tendré que hacer mosquitos sin estómago, que son los que vienen a la vida solo a reproducirse.
Vicent: -Yo en mis columnas no pongo punto y aparte. Porque si parto la columna, se cae. El primer mensaje genético que compartimos con todas las especies, moscas, cucarachas e, incluso, con Benedicto XVI, es cabeza, tronco y extremidades. De ahí hay que ir al último artículo de Millás.
- ¿Y cómo responden los lectores?
J. J. Millás Es impresionante. Decía antes Manolo que uno de los mayores atractivos del periódico es su caducidad. Eso de escribir y que tu artículo se muera en 24 horas, y que por la noche el periódico sea viejo, es muy excitante. Pero fíjate lo que ocurre: en el imaginario colectivo, el artículo se escribe para la muerte y la novela para la supervivencia. Sin embargo, hoy las novelas no duran dos días en las mesas de novedades. A mí me ha pasado cenar con alguien que acababa de conocer y que, a mitad de la cena, esa persona sacara del bolsillo una columna que yo había escrito hacía diez años, muy arrugada, y que esa persona ha guardado todo ese tiempo. La respuesta del lector es impresionante.
M. Vicent Además, la gente pega el artículo en la nevera. O te encuentras con alguien que te dice: "Hace diez años tú dijiste tal cosa". Y claro, uno no lo recuerda. Como decía Bernard Shaw: "Si leyera todo lo que he escrito, sería cultísimo". De todas formas hay una cosa misteriosa con la gente. Aquello que tiene que ver con el público es inaprensible. Aunque no tengas ninguna respuesta, cuando escribes la columna sabes si ha gustado o no. Hay algo en suspensión. Y aquella columna de tres folios que fue "No pongas tus sucias manos sobre Mozart", la escribí de prisa. Apenas se publicó, me llamó el director y me dijo: "Se ha bloqueado la centralita [telefónica]. Todos los progres, como Jorge Semprún y otros, han llamado para decir: ´Yo también le he dado una bofetada a mi hija ".
J. J. Millás Cuando aciertas con un artículo, lo sabes a la mañana, porque algo empieza a pasar. Es como un runrún que comienza con un mensaje en el móvil. Cuando no aciertas también lo sabes. Luego hay otra cuestión interesante y es el modo en que un texto tan breve puede arrastrar un asunto durante años. Yo recuerdo aquel artículo de Manolo en el que contaba que hay una edad en que te vuelves invisible y las mujeres miran a través de ti. El hizo un descubrimiento y Charo López estaba empeñada en hacer una película. Eso ha generado algo que no te puedes imaginar. Otro artículo fantástico fue el de una mujer que recoge los resultados de un análisis que le da cáncer. Se hizo una película con ese artículo.
M. Vicent Sí, se llamó Biopsia . Y es una larga historia, poco feliz, en la que intervino Javier Bardem.
- ¿Cómo funciona la recopilación de las columnas en libros?
M. Vicent Toda la generación del 98, prácticamente, todo Valle Inclán y Ortega y Gasset fue escrito previamente en periódicos y revistas. Azorín y lo mejor de la ruta de don Quijote y Sancho fue publicado en el periódico. El ABC lo mandó a hacer un viaje por La Mancha. Eso es muy tradicional en España. Lógicamente, el que te lee en el periódico no compra luego el libro. Además, que en España no te permiten hacer dos cosas bien: si eres un buen articulista, no creen que seas un buen novelista. Y si eres buen novelista, piensan que eres una mierda como articulista.
- ¿Cómo se llevan con los blogs?
J. J. Millás Si tuviera tiempo, me gustaría tener un blog. Ocurre que hay una idea equivocada con este tema. El soporte no te da una inteligencia que no tienes. Si eres tonto en analógico, eres tonto en digital también. No tienes por qué ser más brillante en el blog que cuando escribes en el periódico. Por eso hay tal cantidad de blogs en el mundo. Cada día se incorporan más de dos millones de blogs.
M. Vicent También se caen otros. Yo no tendría blog.
J. J. Millás Hay como una fantasía de que el soporte va a darle talento al artículo. Lo que pasa es que mi energía está en los artículos. A veces fantaseo con la posibilidad de hacer un blog con seudónimo y llevar adelante una segunda vida. Manolo también creo que la ha tenido. Hacer una novela con seudónimo. ¿Qué pasaría si hago una segunda vida como escritor?
M. Vicent Alguien que no lleve una doble vida no es interesante. Una mujer que no lleve una doble vida no tiene interés. El hombre normalmente la lleva y mal.
- ¿Cómo fue para Millás la experiencia de ser "la Sombra", ese álter ego de varios personajes sobre los que escribió luego?
J. J. Millás La "Sombra" fue experimentar en un género que me gusta cada día más y que es el reportaje. Generalmente se considera un género de juventud, pero se necesita experiencia personal y oficio. En España ya no existe. Me sorprende muchísimo que el periodismo, un oficio de masas, sea el territorio donde más he experimentado y nunca me han dicho nada. Mucho más que en la novela. Una cosa que siempre me ha fascinado como la "Sombra" es comprobar que la gente, cuanto más grande es, menos se preocupa por lo que escribas sobre ellos. Personajes muy grandes, nunca me han dicho "cuidado con lo que vas a escribir". Es un misterio la razón por la que confían en que no voy a escribir en forma descontextualizada. El encuentro con la grandeza de los personajes es lo que más me ha sorprendido.
M. Vicent En una oportunidad el periódico me pidió una serie de entrevistas de verano. Pero no me interesó. Entonces propuse entrevistas a gente muy mayor -políticos, escritores- cuya única condición fuera que hubieran vivido intensamente. Eran gente de más de 80 y largaron todo. Fue una experiencia sin censura.
Ref. ttp://www.lanacion.com.ar/nota.asp? nota_id=1012144
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